Mesa redonda: hazas de suerte

Cartel anunciador de mesa redonda sobre las hazas de suerte.

Perdón por la tardanza. A nosotros nos llegó la convocatoria el mismo viernes 13 a tan solo una hora del acto, y casi nos los perdemos. Afortunadamente atendimos (cosa rara un viernes a las cinco y media de la tarde) al mensaje y pudimos acudir. En la mesa, el exalcalde de Barbate Francisco Tamayo y el concejal de Cultura de Vejer, Manuel Melero.

La crónica, la debíamos, y, prudentemente, hemos esperado a tener la colaboración de la semana de El Lapo (que sale los miércoles pero nos llega los sábados) para no pisarle contenido ni tener que reescribirla. Así que, respetando y dejando a un lado lo que El Lapo os contará el miércoles, nosotros entramos en lo que no os cuenta y sí expresó oralmente en la brillante ocasión del pasado viernes.

El próximo sábado 21, como cada cuatro años, se celebra un nuevo sorteo de las hazas de la suerte. En el actual padrón de hazas quedan más de 700 personas, las aún no agraciadas del padrón original. Muchas de ellas ya son difuntas y no tienen descendientes de primer grado vivos.

Los barbateños no somos conscientes de que somos sujetos de derecho de nuestro propio fuero medieval, en este caso carta puebla. Y no lo tenemos por barbateños, sino por descendientes de vejeriegos, que a tal municipio perteneció el nuestro hasta hace bien poco. Este derecho propio de los pobladores de Vejer y Barbate se llama hazas de suerte. Y es, insistimos, un derecho de las personas y no de las instituciones; y un derecho inembargable.

Sobre esto último insistió Francisco Tamayo en relación a la sierra del Retín y la expropiación de más de setenta hazas por parte del Estado Español en 1981. Recordó que siendo alcalde de Barbate, en 1994, elevó recurso a las instancias judiciales para que declarasen la nulidad de la expropiación forzosa de las hazas de suerte de la sierra del Retín, ya que las hazas son un derecho inalienable a los pobladores de Barbate. Aquel recurso fracasó, pero lamenta que no se siguiera por esa vía recurriendo al Tribunal Constitucional e incluso, llegado el caso, a tribunales europeos. Bajo nuestro punto de vista, esta vía sigue sin explorarse, si aún se puede, y es urgente hacerlo para que el precedente no se consolide y nos expropien bajo cualquier pretexto las hazas restantes. Para Francisco Tamayo, sin embargo, el objetivo más factible de alcanzar en relación a la recuperación de las hazas perdidas es firmar con el Estado un compromiso de reversión si deja de interesar el mantenimiento del Campo de Adiestramiento de la Sierra del Retín, incluyendo además las tierras de particulares legalmente expropiadas.

Por su parte, Manuel Melero puso énfasis en las dificultades de la gestión de las hazas, que son de muy diferente índole y variadas (de entre ellas queremos resaltar que algunos asentados ya están optando a la tercera haza para el sostenimiento de su explotación) y en la necesidad de mantener viva la memoria, la tradición y el conocimiento de las propias hazas como garantía de supervivencia ante la tentación de usurpación de las mismas por parte de los Ayuntamientos, que no son sujetos de derecho en este asunto.

Otro asunto en el que se insistió (desde el punto de vista emocional) fue el de que haya personas que mueren sin ser beneficiarias de las hazas. Que esto ocurra en Barbate, y más que esto, incluso que los descendientes directos tampoco por haber también fallecido, no es de extrañar por el crecimiento poblacional y de posibles beneficiarios. Adaptarse a esta situación es posible sin mucha complejidad: seamos olímpicos y mundialistas. Es decir, que el sorteo comience a celebrarse cada dos años en vez de cada cuatro, coincidiendo con año olímpico (como este) y con año de mundial de fútbol (dentro de dos). Si a los asentados, por contra, les convienen alquileres de las tierras prolongados en el tiempo, no creemos que sea demasiado complejo conjugar ambas aspiraciones, contratos de cuatro años para los asentados y beneficios de dos años para los agraciados en los sorteos.

Por otra parte, el acortamiento del periodo de los sorteos haría que estos tuvieran mayor presencia y por tanto mayor relevancia, aumentando la expectación y las posibilidades de los barbateños de resultar agraciados en vida.

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