Crónicas zapaleñas: primera entrega

Fotografía de la vida en el Zapal en 1962 tomada por Albert Ripoll Guspi

Fotografía de Albert Ripoll Guspi.

Bueno, al socaire de mi última colaboración con enbarbate.com, donde de "refilón" hablaba del Zapal -un asunto por cierto que atrapa a barbateños y foráneos y que despierta el interés de mucha gente- me adentro en materia. La verdad es que, casualidad o no, el Zapal está situado en pleno centro de nuestro pueblo, y en la actualidad es un solar yermo, vacío y descuidado, que sirve de aparcamiento, gestionado -o mejor dicho " no gestionado"- de aquella manera, pero que, eso sí, cubre un déficit muy importante en Barbate como es la falta de aparcamientos. De manera incomprensible, o ¿ no? (este asunto lo trataremos en otra "crónica zapaleña", ya que merece un capítulo aparte), el Zapal ha resistido todas las "burbujas inmobiliarias", ya que desde 1975 la única construcción que ha visto han sido 100 viviendas públicas que la Diputación Provincial construyó en 1994.

Si yo tuviera que describir con una imagen esta zona de Barbate, para mi está claro que esa imagen hoy la encarnaría la araucaria que asoma en una esquina del Zapal desde hace muchos años, y que ha sido "testigo" de lo acontecido en ese enclave de nuestro pueblo. Por lo que he leído, la araucaria es un árbol sagrado en algunas culturas, por lo que no sé si algo de eso tendrá esta araucaria "zapaleña" en la cultura... barbateña. Pero a lo que vamos, y por intentar dar contexto a algo que escribí hace un tiempo, ahí van algunas claves de por qué creo que algunas cosas que han pasado en Barbate pueden tener su reflejo en el Zapal, o, mejor dicho, en la gestión que se hizo de esa zona de nuestro pueblo.

Para comenzar, la gestión que se hizo del Zapal después de su derribo, fue una especie de "partija", donde -empleando esa palabra tan barbateña de las "partijas"- los que repartieron se llevaron sin ningún género de dudas "las mejores partes", y algunos hasta la… "jarampa". Mientras a día de hoy, 50 años después, hay descendientes de algunos de aquellos "zapaleños" que siguen clamando -sin ningún éxito, por cierto- contra los "modos y maneras " utilizados con algunos de aquellos moradores, a los que derribaron su chabola, su casa o su negocio de "aquella manera".

Fijaros también como aquello de que la "historia se repite" -que, por cierto, en nuestro pueblo se ha producido más veces de las debidas en asuntos que no deberían- se ha dado también en el Zapal. Y así, recuerdo cómo en un muy buen y entrañable artículo sobre su derribo, aparecía montando en un pala excavadora el entonces alcalde, Diego López Barrera (D.E.P), persona con la que, por cierto, mantuve una relación de afecto y aprecio en lo personal, más allá de ideología o temas políticos. Bien, pues hace algunos años, otro Alcalde repetía más o menos una foto similar a "lomos" de otra excavadora para anunciar el enésimo "proyecto fantasma" en una zona no muy lejos del Zapal. Esto podría definir, en parte, una manera de hacer en la política local, que yo la defino como "al salir", o política del "vámonos que nos vamos", que desgraciadamente tan presente ha estado en nuestro pueblo, antes, y como diría aquel… "ahora mismito", y que tan negativas consecuencias ha tenido para Barbate.

Por último, fijaros cómo la expresión "zapaleño", con el paso del tiempo, ha pasado de ser una expresión que se podía utilizar con tintes "despectivos " a verla desde la solidaridad, la consideración y el afecto hacia aquellos barbateños y foráneos -personas todas ellas humildes- que en los años 50-60, (cuándo éramos una "potencia" pesquera y conservera), y hasta mediados de los años 70 del pasado siglo, vivían en unas condiciones deplorables, sin los más elementales servicios higiénicos, de seguridad y salubridad.

En fin, lo dejamos aquí, con el compromiso de que las crónicas " zapaleñas"… continuarán. Salud.

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