Barbate: historias inconclusas
Al repasar algunas notas, veo que la próxima semana se cumplirá un año de estas colaboraciones del "Lapo". Y seguimos con "cositas" de nuestro pueblo, que conforman el grueso de los asuntos que tratamos en estas colaboraciones. Y, para ello, retomo un asunto que he tratado alguna vez en mi muro, que titulé “historias inconclusas”, que he conocido en Barbate desde que tengo... “uso de razón”.
Y es que a mí, reconozco que me gusta “bucear” desde un punto de vista lo más “aséptico” posible, sobre algunas situaciones que han ido aconteciendo en Barbate, y que han podido conformar lo que yo llamo “idiosincrasia barbateña”.
Y así, por ejemplo, vimos cómo aquel pequeño pueblo de poco más de 8.000 habitantes cuando nos independizamos de Vejer, en 1938, en las dos siguientes décadas -años duros de postguerra- casi triplica su población. Leyendo y analizando documentos de la época, se percibe el momento de “ebullición” que vivía Barbate, propiciado por la fuerza y el poderío de su industria pesquera y conservera. Al tiempo que se ve también, cómo entre aquellas personas que encabezaban las aspiraciones de constituir a Barbate como pueblo independiente, había de todo un poco: intelectuales, políticos, sindicalistas y una representación de las “clases pudientes”, que, como siempre pasa en estas historias -aquí si sucedió como en todos lados- fueron los que se llevaron “la tajada mayor”.
A partir de ahí se produce un crecimiento espectacular, y como siempre pasa, esos crecimientos suelen ser injustos y desproporcionados, ya que nuevamente hay una “élite” que acapara, por utilizar un término muy barbateño, las mejores “partijas”. Al pueblo llano y liso, le llega muy poco de esas ganancias, y hay ejemplos muy evidentes.
Y así,a finales de los 60, se le empiezan a ver las “orejas al lobo”, y nuestra flota y nuestras fábricas de conservas empiezan a disminuir de manera alarmante, prácticamente al mismo ritmo, pero a la inversa de como crecieron. Y es ahí, cuando hizo falta echarle “sentío” a la cosa, cuando fallamos. Y digo lo de “echarle sentío” porque hasta entonces fue la propia naturaleza -en modo y forma de unos caladeros de pesca riquísimos- quien nos lo dio todo, sin tener que pensar mucho. Y, ahí comienzan muchas de esas que yo llamo “historias inconclusas”.
Y por ahí anda esa historia/ficción de que la Celupal pudo venir a Barbate. O aquellos anuncios en prensa -entonces no había Facebook- de una imponente flota de “barcos de hierro”. También aquellos anuncios de grandes urbanizaciones turísticas en el pinar colindante con la playa de la Yerbabuena. O que el Retín, una vez declarado campo de maniobras, podía albergar a miles de militares que, a semejanza de la cercana San Fernando, ayudarían a la economía de nuestro pueblo. Y para finalizar -aunque seguro que habrán algunas más- la historia inconclusa del hoteles/no hoteles de los últimos años, que, en mi opinión, define un poco el actual momento político que vivimos.
Y retrotrayéndonos en el tiempo, en esa línea "hotelera", vimos el gran “fracaso” -al menos para mí- de cómo un pueblo que comenzaba a mirar al turismo, desde finales de los años 60, fue “colmatando” su Paseo Marítimo de pisos y más pisos, sin un hotelito u “hotelazo” que “llevarse a la boca”.
En fin, múltiples y variadas “diversificaciones” que quedaron por el camino, y quizás por eso, últimamente hemos pasado a las “singularidades”, que en mi opinión anuncia otra “válvula de escape”. Salud.